Necesitamos



Necesitamos:

👉Más ingenieros y menos abogados.

👉Más empresarios y menos artesanos de plaza.

👉Más exportadores y menos charlatanes.

👉Más gente trabajadora y menos piqueteros.

👉Más ciencias duras y menos monografías sobre El Rey León.

👉Más ciudadanos y menos "pueblo".

Aborto

Van a votar la aprobación del aborto legal con 14 semanas. Además de que es un asesinato, la consecuencia será que van a venir mujeres de toda latinoamérica a atenderse gratis en nuestros hospitales. Adiviná quienes lo van a pagar.

Gerenciar el Estado

 Al Estado hay que manejarlo como una empresa de la que todos somos accionistas y pretendemos obtener dividendos.

Propiedad privada




OJO !!
Los zurdos son más y tienen menos que perder

El estado del Estado

 http://www.casarosada.gob.ar/elestadodelestado/docs/el_estado_del_estado.pdf

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Cómo se gestó la dictadura


A 40 años del golpe: cómo se gestó la dictadura más anunciada y sangrienta
Los militares empezaron a planificar el derrocamiento de Isabel Perón a mediados de 1975. Los Montoneros y el ERP sabían que en marzo de 1976 iba a suceder y hasta lo deseaban. 

Por Ceferino Reato - Especial para Los Andes

Fue una conspiración a la vista de todos, el golpe de Estado más preparado -y alentado- en la historia del país. Tanto resultó así que los militares aprovecharon los últimos tres meses y medio del gobierno de Isabel Perón para elaborar muy tranquilos las listas de personas que serían detenidas inmediatamente después de que los tanques salieran a la calle.

Muchos de esos detenidos integraron el “conjunto grande de personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión”, según admitió el ex dictador Jorge Rafael Videla un año antes de morir. “Pongamos que eran 7.000 u 8.000. No podíamos fusilarlas. Tampoco podíamos llevarlas ante la Justicia”, completó.

Todas estas revelaciones forman parte de la edición definitiva de mi libro Disposición Final, que incluye testimonios de militares, políticos, sindicalistas, ex guerrilleros y empresarios para describir cómo fue la dictadura por dentro.

Videla no solo fue el jefe del Ejército que dio el golpe, junto con el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti, sino que presidió el país durante cinco años, hasta 1981, cuando fue reemplazado por su aliado, el general Roberto Viola.

Si bien los golpes de Estado eran muy frecuentes desde 1930 y el Ejército se había convertido en un actor político más, el derrocamiento de Isabelita fue apoyado por buena parte de la población.

Así lo recuerda el periodista británico Robert Cox, director del Buenos Aires Herald: “El golpe de 1966 contra el radical Arturo Illia había sido arreglado con la prensa. En 1976, eso no fue necesario: la mayoría de la gente lo esperaba y lo deseaba. Desafortunadamente, muchos argentinos estaban siempre buscando a los militares para que entraran al gobierno, ordenaran el país y dieran luego elecciones.

Pero, pasaba ahora también con gente de izquierda: recuerdo que con mi mujer nos encontramos en una recepción en la embajada de Egipto con un periodista de El Cronista Comercial, que militaba en la izquierda, y con su esposa, que estaba embarazada. Ellos eran jóvenes y confiaban en que un gobierno militar pondría en marcha una represión más legal que el gobierno de Isabel Perón, en el que aparecían cuerpos carbonizados, en zanjones”.

Cox es una leyenda viva de buen periodismo debido, en parte, a su tarea informativa durante la dictadura denunciando las violaciones de los derechos humanos. Él me contó que “todo 1975 se vivió como una tragedia griega, que desembocó en el golpe. Era algo muy impresionante: una tormenta de violencia con amenazas, secuestros, bombas. Era obvio que eso no podía durar mucho tiempo. El gobierno de Isabel era terrible: había también corrupción, inflación, desabastecimiento; faltaba hasta papel higiénico...”.

Un hecho político debe ser analizado también en su contexto histórico. Lo enseñó mejor que nadie Carlos Marx en su libro “El dieciocho brumario de Luis Bonaparte”, donde, al referirse al golpe de Estado del sobrino de Napoleón, en 1851, criticó un análisis de Víctor Hugo: “Parece, en su obra, un rayo que cayó de un cielo sereno; no ve más que un acto de fuerza de un solo individuo”.

El golpe de hace 40 años tampoco fue un rayo caído de un cielo sereno. El cielo no estaba sereno. Pero el relativo consenso que se había formado no era a favor de la dictadura tal como vino después -con la sangrienta represión ilegal-, sino de un golpe más tradicional, clásico, en el que los militares estuvieran poco tiempo en el gobierno, el suficiente para “solucionar” la cuestión de la violencia política, que venía tanto de la izquierda como de la derecha.

Pero ese tipo de golpes -muy comunes en América latina- ya no era posible en nuestro país porque los militares habían adquirido una autonomía tal que se consideraban más capacitados y honestos que los civiles para solucionar de una vez por todas los grandes males de Argentina.

Esa autonomía de los militares reflejaba la crisis del peronismo y de los partidos políticos. Las Fuerzas Armadas habían acumulado un enorme poder en apenas tres años y eso les permitió imponer soluciones autoritarias, de arriba hacia abajo, no apenas en el plano de la lucha contra las guerrillas: pretendían cambiar a toda la sociedad, moldearla como si fuera de plastilina para liberarla de las ‘plagas’ que impedían su desarrollo.

“Nuestro objetivo era disciplinar a una sociedad anarquizada; volverla a sus principios, a sus cauces naturales. Con respecto al peronismo, salir de una visión populista, demagógica, que impregnaba a vastos sectores; con relación a la economía, ir a una economía de mercado, liberal. Un nuevo modelo económico, un cambio bastante radical. Queríamos también disciplinar al sindicalismo y al capitalismo prebendario”, señaló Videla.

Y desplazaron al peronismo cuando quisieron, ni un momento antes, ni un momento después; fue el golpe que menos dependió de los civiles. Tanto resultó así que desairaron a conspicuos miembros del llamado “partido militar”, un grupo informal de políticos y dirigentes que se refugiaban en las periódicas irrupciones de las Fuerzas Armadas para contrarrestar el poderío electoral del radicalismo primero y del peronismo después.

Algunos de esos civiles venían haciendo fuerza desde hacía tiempo para que Videla y compañía desalojaran a la viuda de Perón. Otros tenían una posición contraria; uno de ellos era el patriarca liberal Álvaro Alsogaray.

“Hubo una crítica muy fuerte de Alsogaray, que se había convertido en un detractor del golpe a seis meses de las elecciones. Alsogaray decía que los militares debíamos esperar a que el desgobierno se profundizara aún más para que el peronismo fuera expulsado por el malhumor popular”, señaló Videla.

En su opinión, “no era una situación aguantable: los políticos incitaban; los empresarios también; los diarios predecían el golpe. La Presidente no estaba en condiciones de gobernar, había un enjambre de intereses privados y corporativos que no la dejaban. El gobierno estaba muerto”.

Era un momento político muy especial: los grupos guerrilleros jugaban también al golpe, convencidos de que la toma del poder por los militares haría que los sectores populares se definieran a favor de quienes defendían realmente sus intereses, es decir ellos. En el lenguaje de la época, la clave era “profundizar las contradicciones” con los militares -instrumentos de la oligarquía y el imperialismo- para acelerar la llegada inevitable de la revolución socialista.

Un año después, en 1977, el líder de Montoneros, Mario “Pepe” Firmenich, se encontró por casualidad con Gabriel García Márquez en un vuelo “a diez mil metros de altura y en mitad del océano Atlántico”. Firmenich tenía 28 años y al escritor le impresionó como “un gato enorme”.

Aprovechó para hacerle una entrevista en la que Firmenich le dijo: “Desde octubre de 1975, nosotros sabíamos que se gestaba un golpe militar para marzo del año siguiente. No tratamos de impedirlo porque al fin y al cabo formaba parte de la lucha interna del movimiento peronista. Pero hicimos nuestros cálculos de guerra y nos preparamos para sufrir mil quinientas bajas en el primer año. Si no eran mayores, estaríamos seguros de haber ganado. Pues bien: no han sido mayores. En cambio, la dictadura está agotada, sin salida, y nosotros tenemos un gran prestigio entre las masas y somos una opción segura para el futuro inmediato”.

También los jefes del ERP -un grupo trotskista/guevarista- tenían información precisa sobre cuándo sería el golpe de Estado.

Confiaban en la fuerza militar que aún tenían, tanto que pensaban que el golpe permitiría el “comienzo de un proceso de guerra civil abierta que significa un salto cualitativo en el desarrollo de nuestra lucha revolucionaria”, como escribió su líder, Mario Roberto Santucho, la misma mañana del 24 de marzo de 1976.

En su autobiografía, Enrique Gorriarán Merlo, otro de los jefes del ERP, aseguró: “Habíamos obtenido la información de que el golpe estaba en plena preparación a través de Cacho Perrota, dueño de El Cronista Comercial y miembro del aparato de inteligencia del ERP. El 24 de marzo se produjo el golpe militar; llegamos a la conclusión de que el advenimiento de una dictadura militar iba a conllevar una exacerbación de la resistencia”.

Alimentados por tantas expectativas, los militares iniciaron la conspiración nueve meses antes, según admitió Videla, su principal ejecutor y beneficiario: “La planificación en forma orgánica comienza cuando me convierto en comandante en jefe del Ejército”, el 28 de agosto de 1975. Isabel Perón era presidenta y tuvo que aceptar esa designación luego de una rebelión de los generales.

“Sin embargo, en forma inorgánica, la planificación comenzó un poco antes, cuando asumo como jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y empiezo a recibir visitas de gente que está interesada en verme”, señaló Videla. Eso fue el 4 de julio de 1975, cuando Videla dio un discurso que atrajo a los civiles que buscaban un militar con quien volver a la Casa Rosada.

En mi libro, Videla, que murió en 2013 a los 87 años condenado a reclusión perpetua por violaciones a los derechos humanos, sostuvo que la fecha del golpe fue decidida a mediados de octubre de 1975.

Cuarenta años atrás, Isabel Perón cayó y muchos argentinos recibieron la noticia con alivio y satisfacción: estaban hartos de su gobierno y de ella; no podían imaginar aquel 24 de marzo soleado y apacible que la dictadura sería mucho peor con su secuela de miles de víctimas, el descalabro económico y la guerra perdida por las Islas Malvinas.





Números verdaderos

El ex general Videla habló de “7.000 u 8.000 personas que debían morir”. Los organismos de derechos humanos y el kirchnerismo sostienen que los detenidos desaparecidos fueron 30 mil.

El último dato oficial publicado es de 2006 y corresponde a la edición revisada del Nunca Más, el informe elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). Esa actualización del primer listado de víctimas ocurrió durante el gobierno de Néstor Kirchner. Según esa fuente, en la última dictadura hubo 6.415 desaparecidos y 743 víctimas de “ejecución sumaria”; en total, 7.158 personas.

Un hecho curioso -que todavía no ha sido explicado por sus impulsores- es que la edición de 2006 del Nunca Más incluye a personas muertas antes de la última dictadura, es decir antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Ese listado parte de 1969, cuando gobernaba el general Onganía, e incluye las dictaduras de los generales Levingston y Lanusse, y los gobiernos constitucionales del peronismo, entre 1973 y 1976.

Es necesario aclarar que el decreto de creación de la Conadep, de 1983, firmado por el presidente Raúl Alfonsín, estableció taxativamente que su tarea consistiría en investigar que había ocurrido con los desaparecidos durante la dictadura de Videla y compañía.

¿Por qué la ampliación de fechas? Diversas fuentes indicaron que, por presión de algunos organismos de derechos humanos, la política del kirchnerismo fue honrar no sólo a las víctimas del terrorismo de Estado sino también a los caídos por la revolución, es decir a todos los que murieron mientras luchaban por el socialismo, sin importar cuándo, dónde o cómo. Los herederos de todos ellos han cobrado la indemnización prevista por ley, que consiste en una suma equivalente a cien veces el sueldo bruto más alto de la administración pública nacional

Todo pudo ser peor


En Argentina existe un espécimen antropomórfico único en el mundo. Un ser que aún en su estadio espermatozoico u ovular, goza de conciencia y memoria suficiente como para entender y más tarde poder opinar sobre eventos que ocurrieron antes de su nacimiento. 
Así podemos leer en las redes a jóvenes de 20 o 30 años opinando como si la historia de la subversión en Argentina iniciara el día en que Videla y sus socios tomaron por la fuerza de las armas un gobierno democrático que se había ido a la banquina y no paraba de derrapar.
Piensan que los terroristas fueron una reacción al totalitarismo de la dictadura militar y no como en realidad fue: todo lo contrario, el origen del conflicto.
Supongo que están esperando que el último de los testigos de aquella vergonzosa era se muera y así poder instalar ese relato de hondas raíces comunistas que glorifica a dictadores como Castro y demoniza a procesos que en definitiva, por más malos que hayan sido, siempre terminaron en una salida democrática.
Para esos super genios divididos entre el troskismo, el stalinismo y el anarquismo más infantil que usted pueda imaginar, los subversivos comenzaron a operar recién con las Juntas Militares en 1976, sostienen que nadie había querido que los militares tomaran el gobierno (aunque haya sido el golpe civico-militar más anunciado  de la historia, con la participación de más de 200 intendentes y gobernadores peronistas y cerca de 700 del radicalismo) y que los delitos cometidos por la subversión fueron simplemente actos patrióticos de una juventud maravillosa. La misma que no dudaba en atacar, en vigencia de la democracia y por la causa, a mujeres, niños y algún político o empresario al que habían secuestrado para sacarle guita.


Sostienen que el Estado en todo su poderío era el único violento y que no se libraba una guerra tal como aceptara el mismo Firmenich tardíamente. No, para ellos los militares cometían abusos violando los Derechos Humanos de manera indiscriminada, aplicando lo aprendido de los asesores franceses que habían operado en Argelia, en cursos pagados por el gobierno de Perón y dictados en la Escuela de las Américas de Panamá. Claro que, como nadie nunca les reclamó a los franceses por las desapariciones y torturas en Argelia, estos pibes intentan hacer sonar el escarmiento in-eternum en los ancianos militares que nos quedan. Ni hablemos de respetar los derechos humanos de la sociedad civil.


La realidad, tal como yo la entiendo, iguala lo malvado de ambos demonios. Montoneros, ERP y la FAR estaban subvencionados por el comunismo internacional con la idea de instalar un régimen como el de Castro en nuestro país. El experimento de Allende ya había fallado para cuando Argentina regresaba a la democracia y el mismísimo Perón prefirió tender a la derecha, aunque los jóvenes revoltosos que querían un experimento populista que le abriera las puertas a la gran URSS lo desafiaran constantemente. Esto en cualquier país se interpreta como traición a la Patria y un atentado hacia un pueblo que jamás había pretendido experimentar el comunismo. Ellos querían entrar por la ventana, sin usar la vía democrática. Y como usted sabrá, la traición a la Patria es un delito que al igual que la desaparición de personas, no prescribe.

 Asesinato de Carlos Prat 1975

Muchos años más tarde con el retorno a la democracia la buena gente de este bendito país pretendió reconstruir la República en un marco de justicia y un sano cambio de página que nos permitiera crecer en el concierto mundial. Pero lamentablemente llegaron quienes necesitaban legitimar su pobre entidad política bajo alguna bandera popular y allí estaban los DDHH esperando que alguien les quisiera pagar los gastos sin preguntar a cuantos habían matado en democracia.
Y como si ésto fuera poco a los del otro bando los juzgamos hasta cuatro veces.
Durante los últimos 12 años el país se sumergió en una verdad a medias escuchando el relato que habían escrito personalidades mucho más afectas al asesinato político, que un militar, mucho más entrenado para matar defendiendo su Patria.
Los familiares de subversivos y los subversivos reciclados ocultos en fachadas de buenos ciudadanos y políticos, comenzaron a negar el período comprendido entre 1973 y 1976, un espacio de democracia donde el gobierno peronista con sus Triple A y Montoneros, ERP y FAR del otro lado, libraron una guerra civil sin uniformes, que cobró vidas de civiles inocentes en la modalidad de daños colaterales.
Es que al no existir una ética de combate con uniformes incluidos, los civiles siempre quedábamos como carne de cañón en medio del fuego cruzado. El terrorista subversivo se sentaba a tu izquierda y te señalaba como objetivo mientras se hacía el inocente mirando para la derecha.
Hoy vemos que han borrado sistemáticamente de la memoria de los jóvenes cualquier referencia al intento de copamiento comunista de nuestro país. No quieren recordar que el mismo gobierno democrático Peronista haya ordenado el "EXTERMINIO" de la amenaza comunista en Tucumán y más tarde en el resto de la República.

 Armando granadas del ERP en 1975

La cuestión es que en el período comprendido entre 1973 y 1976, durante el gobierno democrático de Perón/Perón, yo en lo personal, no podía sentirme tranquilo casi en ningún momento. No podía estar seguro de volver con vida cada vez que salia hacia la escuela o el trabajo. Ni de que una célula terrorista oculta en la fábrica de mi padre no volviera a amenazarme de muerte, o que el ERP no volvería a robarnos el auto a punta de ametralladora dejándolo más tarde abandonado pleno de bombas caza-bobos. Bombas como las que a cada rato explotaban en la ciudad en una escalada de violencia comenzada por las facciones montoneras que se verían complicadas con los ataques a los cuarteles del ejército en Formoza asesinando a pobres colimbas de consigna.
Algunos aseguran que los milicos llegaron cuando había un muerto cada 5 hs y una explosión cada 3 y otros mienten que no fueron recibidos con alegría.

Asesinato de José Ignacio Rucci 1973

En cambio desde 1976 hasta 1983, yo me encontraba dentro del circuito laboral y sin actividades comunistas que pudieran reclamarme. Mis ideas, mi barba tupida y el cabello largo hasta los hombros jamás me generaron el menor inconveniente con las fuerzas de seguridad, salvo el de mostrar mi documento de tanto en tanto en algún retén policial.
Es posible que la gente de trabajo nunca haya vivido un período de mayor seguridad en la calle que ese. Cuesta decirlo. Hasta las mujeres podían caminar solas de noche por la calle con total tranquilidad sin locos , degenerados o drogadictos que pudieran atacarlas. Todo lo contrario a la inseguridad a la que nos arrastrara el populismo narco de los últimos 12 años.
Pero, cómo decirlo sin ser atacado por una jauría de terroristas reciclados y jóvenes de cerebro lavado, dueños del poder y los medios?
Hubo que esperar un gobierno democrático como el actual.
Claro que no es sano analizar las épocas pasadas con la vara del conocimiento actual. Todos somos genios  con el diario del lunes, pero la realidad es que los "Jóvenes idealistas" de los 70  no eran mejores que la patria terrateniente vernácula. Simplemente querían ocupar su lugar como lo demostraron mucho más tarde con la ineptocracia kirchnerista.

 Masacre de Ezeiza 1973

Pero Argentina no es ni será jamás campo fértil para experimentos comunistas. Aún menos en la actualidad cuando el comunismo no es más que una referencia histórica en los libros. Es que su fracaso ya es tan evidente que aunque se haya tratado de reciclar en populismos como el de Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador o Argentina, nadie ha visto yates norteamericanos escapando hacia Cuba y los mismos defensores del modelo se niegan a ir a vivir allí.
Muy por el contrario, el régimen al que querían someter a la Argentina ha expulsado permanentemente a miles de balseros que preferían perecer en el mar a continuar sufriendo en un régimen que reparte pobreza equitativamente entre el pueblo, pero la riqueza sólo entre sus políticos. Cuba en 57 años de historia de revolución nos ha enseñado a multiplicar los pobres para repartir igualitariamente la miseria, dicen, nada más.
Cada 24 de marzo deberíamos recordar que la historia es mucho más compleja que un grupo de abuelas o madres reclamando prebendas en un plaza. Que ese día no sólo comenzó un período negro de nuestra historia, sino que terminó otro que podía haber sido mucho peor. Que cada muerto de antes o después, merece ser considerado como un ser único e irrepetible y que su nombre debe ser honrado. Que no es lo mismo 7.158 nombres registrados por una comisión constitucional, que 30.000 lozas en un paredón perdido en una plaza.  Que la historia puede y debe ser interpretada  considerando la totalidad de los datos disponibles.
Porque no se puede tener memoria de algo que no se ha vivido, excepto que alguien nos lo haya contado, y para eso, necesitamos la historia completa. 
Por suerte hoy los testigos todavía seguimos vivos y con muy buena memoria. 
Pregunten.

Taluego.

"Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda [...] a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos."

Calavera no chilla



Por Alejandro Borensztein

Comienza la octava temporada de esta columna dominical a los 6 días del mes de marzo del año 2016.

Más precisamente en el momento en que, años atrás, se suponía que Ex Ella ya habría iniciado su tercer mandato habilitada por la nueva Constitución de la flamante República Argentina Bolivariana Kirchnerista. Su lucha contra Occidente estaría a pasitos de ganarse, Moreno y Kicillof ya habrían sacado de la pobreza a los últimos rezagados que se resistían a la inclusión, Zannini estaría presidiendo la Corte Suprema, Sabbatella estaría conduciendo Telenoche y Timerman estaría veraneando en las costas iraníes del Mar Caspio. Evidentemente, algo falló.

La realidad es muy distinta. Ex Ella espera con el bolsito la llegada del patrullero, la Constitución sobrevivió, Moreno está abriendo una panchería, Kicillof anda por las plazas haciendo kirchnerismo a la gorra, Zannini acompaña el ajuste que hacen los Kirchner en Santa Cruz por culpa de la pesada herencia que dejaron los Kirchner en Santa Cruz, y a Sabbatella lo limpiaron de la AFSCA con un escobillón y una palita. El único que logró su objetivo es Timerman que ya alquiló carpa y reposeras para él y D’Elía en Ahmadineyad Beach.

Desde que volvió la dictadura hay una nueva mayoría que acompaña adormecida y manipulada por sectores hegemónicos como, por ejemplo, el Majulismo.

Sólo resiste un pequeño grupo de demócratas liderados por el Compañero Máximo, y alentados por el tipo ese de barba candado que anunció por C5N el triunfo de Aníbal Fernández la noche del patapúfete.

¿Tiene alguna chance este intento de resistencia nacional contra el nuevo entreguismo? Muchísimas. Pero no por ahora.

Al momento, la Resistencia enfrenta varios problemas. El primero es que, dado que ya no cuenta ni con caja, ni con cargos, ni con oficinas, ni con choferes, ni con celulares, ni con nada, no tienen más remedio que autoconvocarse por radiollamada y juntarse en plazas, veredas o banquinas. Por lo tanto, sus jornadas de concientización y resistencia, se realizan siempre y cuando no llueva mucho.

Este nuevo kirchnerismo se ha transformado en el primer movimiento emancipador popular y latinoamericano que antes de hacer la revolución tiene que consultar al servicio meteorológico.

El segundo problema es más complicado aún: deben enfrentar al Presidente Macri que está devaluando, ajustando tarifas, bajando la emisión, cerrando el problema con los Buitres y reconciliando a la Argentina con los gobiernos occidentales.

O sea, lo mismo que hubiera intentado hacer el candidato Scioli que perdió, y que ellos mismos votaron hace 5 minutos. De hecho, las primeras medidas económicas fueron mayormente apoyadas por Bein, Blejer, Marangoni y otros asesores del Compañero Lancha.

Quiere decir que, en el fondo, los valientes militantes de la Resistencia se han salvado de tener que combatirse a sí mismos y resistir a su propia dictadura.

Un tercer problema, no menor, es tener que explicar que las medidas oligárquicas que está tomando este gobierno de derecha no tienen nada que ver con las medidas revolucionarias que venía tomando el progresismo K.

Por ejemplo, la devaluación del 35% (6 a 8) que hizo Kicillof después de asumir es muy distinta a la devaluación del 35% (9,8 a 13) que hizo Prat-Gay después de asumir. O que la inflación del 30% que provocó la devaluación de 2014 fue por el bien del pueblo mientras que la del 30% de ahora es para perjudicarlo.

O que arreglar con el Club de París fue para la liberación y arreglar con los Buitres es para la dependencia. Mejor no recordar que la deuda original con el Club de París defaulteada en 2001 era de 1.879 palos verdes. En setiembre de 2008, Ex Ella firmó un decreto para cancelarla por 6.450 palos verdes. Pero a último minuto se arrepintió y recién en 2014 lo mandaron a Kicillof a arreglar. El tipo se puso duro y, de puro macho nomás, les tiró 9.700 millones de dólares en la cara. Un león negociando.

Es obvio que el nuevo protocolo antipiquetes para moler a palos a los que cortan las calles no tiene nada que ver con la ley antiterrorista votada por todo el kirchnerismo sin chistar para moler a palos a los que cortan las calles. Pero ¿cómo explicarlo?

Es tan difícil como protestar por los despidos de los comisarios políticos que el kirchnerismo metió en el Estado justamente para perseguir y despedir a los que no eran kirchneristas.

Ni hablar de este nuevo Stiuso que no tiene nada que ver con aquel Stiuso que durante diez años, al caer la noche, llevaba a Olivos las escuchas fresquitas del día.

Difícil quejarse por la quita de retenciones a la minería cuando se vetó la ley de glaciares para favorecerla, se permitió la minería a cielo abierto y hasta Ex Ella se sacó fotos sonriendo con los capos de la Barrick Gold, cuyos gerentes están tan contaminados que ahora vienen con tres ojos y seis dedos.

Estas cosas y muchas más, han provocado confusión en las filas de la Resistencia como pudo verse durante el discurso del Compañero Mauri en el Congreso. Por ejemplo, la diputada Mazure y el diputado Larroque mostraron un cartelito que decía: “No a los despidos en CN23”. O sea, diputados kirchneristas protestando por despidos en un medio kirchnerista, comprado por un empresario kirchnerista a otro empresario kirchnerista que recibió cientos de millones del gobierno kirchnerista para hacer propaganda a favor del kirchnerismo. Literalmente así.

Larroque y Mazure deberían pegarse el cartelito en el espejo del baño para mirarlo cada mañana, en lugar de tomarles el pelo a los trabajadores despedidos.

Para colmo, en la misma semana Ex Ella fue acusada por Menem de matar a su marido y por Stiuso de matar al fiscal Nisman. En realidad, esto último no sorprendió a nadie. Todos sabemos que en el caso Nisman el gobierno es el mayordomo.

Ahora la Resistencia debe apretar los dientes, bancársela, esperar que a la dictadura le salga todo mal y rezar para que el famoso dicho de Zaninni no se cumpla: “Si Macri hace en el país el 50% de lo que hizo en Boca no volvemos más”.

Es momento de ser paciente. Todavía no pasaron los cien días. Y si miramos bien al nuevo gobierno, algún inútil ya va apareciendo.

Piensen que cuando arrancó el kirchnerismo, allá por 2003, aquel gobierno sólo tenía cuatro o cinco inútiles a la vista. Y terminaron en 2015 con una verdadera epidemia.

Por eso muchachos de la Resistencia, por ahora violín en bolsa y muzzarella. Calavera no chilla.

Es un placer estar de vuelta. Comenzó la temporada.

Fin


Y gracias a Dios este blog ya no es necesario.

Chau y gracias.
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